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El Indio Solari y un show redondo para más de 80 mil corazones

Fuente: Matías Loja / LaCapital.com.ar

Indio Solari
“Esto es increíble, hay 80 mil personas hoy en Tandil, no se cómo se puede agradecer”, dijo Solari a sus fans.

Habían pasado pocos minutos de la medianoche del sábado cuando el show llegaba a su fin. Pero antes de salir por la Puerta 2 de Hipódromo de Tandil, un tapialcito en la vereda de enfrente se llenaba de pibes que obnubilados por lo que veían sacaban una foto tras otra.

Subirse a ese sitio era una invitación irrestible para ver la marea humana de más de 80 mil personas que se desconcentraba tras presenciar el recital del Indio Solari. El de mayor convocatoria de su etapa solista, y para muchos, el mejor de sus vidas.

Decenas de colectivos, autos y combis partieron el viernes por la noche de Rosario hacia la ciudad del sur bonaerense donde el eterno cantante se aprestaba a dar el único espectáculo del año, y la previa a su nuevo disco —¿“El perfume de la tempestad”?—, que saldrá a principios de 2011. Será el sucesor de “El tesoro de los inocentes” y “Porco Rex”, los dos trabajos realizados tras la separación de Los Redondos en 2001.

“Un gran remedio para un gran mal”. Los trapos, remeras y banderas multiplicaban por doquier las frases que el Indio Solari inmortalizara a través de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Aunque también estaban de las otras, las que reproducían la pluma del pelado más famoso del rock nacional en su etapa solista.

Miles de historias podrían contarse de la previa de los shows de Solari, aunque sólo desde el corazón y de esas finas líneas de texto de canciones que conmueven a los pibes se podrá entender esa lealtad hacia Solari y Cía. Es cierto, desde 2001 no comparte el escenario con Skay y el resto de la banda ricotera. Pero lo vivido el sábado por la noche fue un precioso deja vú que reafirma que el espíritu de Patricio Rey está más vivo que nunca.

Tres pantallas gigantes en el escenario, cuatro más distribuidas a lo ancho del campo y un sonido impecable fueron el soporte tecnológico que acompañó el recital del Indio y su banda, Los fundamentalistas del aire acondicionado, donde la batería de Hernán Aramberri y la guitarra de Baltasar Comotto hicieron vibrar el césped de Tandil.

Del recital, basta mirar la lista de temas que Solari eligió para tocar durante las más dos horas que duró la cita para comprobar que fue un show redondo por dónde se lo mire. Si hasta se dio el lujo de abrir con un potente cover de “Jugo de tomate frío” de Manal. “Si consiguen el primer disco de Manal, recomiendo escuchen esos blues. No se volvió a hacer algo igual”, recomendó desde el escenario el calvo rockero. Promediando  el recital volvió a sorprender con otro homenaje: “Post–crucifixión”, de la época del Flaco Spinetta en Pescado Rabioso.

“Se vinieron unos cuantos hoy”, dijo Solari, vestido de camisa a cuadros. Estaba hablador, de buen ánimo y con muchas ganas de cantar, al igual que los chicos y veteranos que no paraban de saltar en el Hipódromo.

Y a partir de allí, comenzó el repaso de los viejos temas, la perlita de tocar dos inéditos ricoteros (Un tal Brigitte Bardot y El regreso de Mao), y hasta la dedicatoria de “Héroe del whisky” a “Quiquito, que ahora parece que me ama”, en referencia al periodista Enrique Symms, hoy distanciado de Solari, pero con el que durante mucho tiempo compartió escenarios y el detrás de escena en los recitales del under porteño.

No hubo ningún tema de los dos últimos dos discos de Patricio Rey. Pero si una precisa selección de esas canciones que no dejan respiro. El primer gran pogo llegó con “Me matan, Limón!”, replicado en miles de cuerpos cuando sonaron “Fuegos de octubre”, “Un ángel para tu soledad”, “Vamos las bandas” y "Yo caníbal".

De su etapa solista “Martinis y tafiroles” y “El tesoro de los inocentes” fueron los más coreados. “Acá hay un buen futuro”, dijo señalando a los jóvenes tras cantar las bellas estrofas de “To beef or not to beef”, de su primer trabajo individual.

Solari bailaba y agitaba su esqueleto de 61 años que afortunadamente se resiste a dejar de hacer rock. Si hasta con una mano en la cintura y ensayando un pasito confesaba cantando que “el infierno está encantador esta noche”.

Miles de celulares y camaritas se encendieron en la velada estrellada de Tandil para acompañar a “Juguetes perdidos”. Ningún tema del rock nacional logra crear un clima similar, más cuando son más 80 mil las almas que le cantan a las “banderas en tu corazón”.

“Todo concluye al fin”, tatareó desde el escenario el Indio, mientras no paraba de agradecer la masiva respuesta del público a la fiesta del rocanroll del país, un "mini Woodstock", como lo describió el propio ex líder de Los Redondos.

Era casi la medianoche cuando el robusto muchacho de seguridad le dijo a la chica que tenía al lado: “Bueno flaca, ahora agarrate fuerte que se viene el descontrol”. La piba de 20 años nunca había visto a los Redondos ni al Indio Solari en vivo. Pero sabía a que se refería el hombre con esta recomendación.

El descontrol era “Ji, ji, ji” el tema con el que termina cada recital ricotero, y que da pie al “pogo más grande del universo”, tal como lo rebautizara el propio músico al ver tamaño enjambre de “bombas pequeñitas”.

Los fuegos artificiales acompañaron el cierre, mientras las pantallas anunciaban el 26 de marzo en Salta como la nueva fecha que congregará a multitudes. La que será una nueva cita con un fuego redondo que parece inextinguible.

 

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